febrero 02, 2010

Enamórame

Quizá J sabía de la existencia de este mi planeta raro. J dirige el globo. J no significa Joder anymore. Perdiste la inocencia cuando de espalda caíste al fango y te golpearon como a mi tío Klay que por borracho y por buena gente le desfiguraron el rostro. Así tú y no volviste a decir más cariño y no volviste a embarrarte de culo en las almohadas.

En esa película que J conoce, Chema le cuenta a la princesa una historia. Chema acosa a la princesa, se da cuenta de que es una piruja pero a diferencia tuya J, Chema no la mata y no piensa que desde que ha vuelto de la velada se ha convertido en un pequeño aguijón.

Yo no soy quien te tiró de espalda. D: verías enamorarte más de una vez. Enamórame

Más cerquita de Dios



"Él porque está más cerquita de


Dios,


por eso no ha entregado calificaciones".




Me dijo el oficial que me tirara al suelo, lo hice, y lo hice pensando que era una broma. De eso trató mi trabajo de campo. Pero F cuenta que cuando uno se entretiene haciendo trabajo de campo, uno es nada más que aquello que ve la "otredad".


Yo le dije a Hilario que eso de ser antropólogo suena estupendo pero no lo es. Hilario me dijo que si alguna vez quería escribirle un correo electrónico, anexara una nota diciendo que pertenecía a esta la universidad y que el querido rector sabía del asunto. Hilario se convirtió en un objeto desde ese momento. Hilario, no puedes engañarme, tú escondes algo, ya dime, ¿cómo es que dices que le haces cuando vas a Chiapas?, ¿¡cómo es que te atreviste a beber de la botella sin pedir un vaso esterilizado!?


Aquellos que andan allá en el cielo, de los que nos burlamos cuando les vemos pasar… pensad, será que ya se tientan su lugarcito allá más cerquita de Dios que uno.

De cuando a una le viene la decepción y cuando a una le piden una autopsia

Yo me prendí esa noche cuando viajaba en el autobús. Tenía tres pies y me montaba a mi madre.

Vivíamos en el mar y dormíamos en la arena y cogía a los peces con la boca como un vil bocado: los charalitos como las calabacitas tiernas de Saúl eran mi debilidad.

Probé mi primera cerveza a los tres años y me volví alcohólica a los doce.

A mis dieciséis me trababa en los bares y buenota que me daba con las notas, de todas cosas.

Conocí a mi perro y él aprendió a nadar conmigo y él me enseñó a fumar mota y a cargar con nuestra cantimplora.

De las noches que pasé dudando y de las noches que frustaste mis suicidios… verás, no tocaste la puerta esa vez, tampoco atiné a sellar todas las puertas con diurex y cuando intenté con la tetera preferí beber del tarro y ahogarme en mi garrafón.

Mis dolores de cabeza sí son recurrentes señor doctor. Mi perro sí me habla y me dice que soy una "haba". Me tiro fregaderas y me revuelco como perro en las tardes de sol y tengo prejuicios con los borrachos y me caen bien las prostitutas y sueño con la vida en Tijuana a lo machín. Sí tengo veintidós corazones. Sí me meto pastas señor justicia. Sí me cago de frío en las mañanas Charly y sí, cumplo con mi tarea.